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Boletin

Sólo en el Crucifijo se encuentra la explicación del misterio de la enfermedad

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Ciudad del Vaticano 22 de marzo 2015

''No es fácil acercarse a un enfermo. Las cosas más bonitas de la vida y las cosas más miserables se reservan, se esconden. El amor más grande, uno intenta esconderlo por pudor, y las cosas que muestran nuestra miseria humana, también intentamos esconderlas por pudor''. Con estas palabras se dirigió ayer tarde el Papa a los enfermos que encontró en la Basílica del Jesús Nuevo, explicando que para encontrar a un enfermo hay que ir a verle, porque el pudor de la vida lo esconde. ''Cuando nos encontramos con enfermedades que marcan toda una vida -añadió- preferimos esconderlas, porque ir a encontrar al enfermo es ir a encontrar nuestra propia enfermedad, esa que llevamos dentro. Es tener la valentía de decirse a uno mismo, ''yo también tengo alguna enfermedad en el corazón, en el alma, en el espíritu. Yo también soy un enfermo espiritual''.

 

Silenciar las voces de los fieles en la atención sanitaria

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por Denise Hunnell, M. D.

En el cuidado de enfermos la acción de la Iglesia ha estado siempre presente, se ha procurado la atención a los desvalidos y se han creado instituciones y familias religiosas para servir a ancianos, enfermos y minusválidos.

La libertad religiosa prevé el libre ejercicio de la fe de uno en cada aspecto de la vida. Esta libertad es mucho más amplia que simplemente tener la libertad de asistir al servicio de adoración de su elección. Verdaderamente vivir la fe significa que la vida familiar, la vida profesional, actividades de ocio, así como las prácticas espirituales son guiadas por los principios de la fe.

 

El cuidado pastoral de los enfermos.

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Mons. Ignacio Barreiro Carámbula

En este breve artículo tratare de dar sugerencias de cómo asistir al enfermo tanto al que está sufriendo de una enfermedad incurable, progresiva e irreversible, o simplemente prepararlo a aceptar una enfermedad de larga duración o una condición crónica, o la pérdida de un brazo o una pierna a consecuencia de un accidente o aun una enfermedad de cierta entidad de la cual razonablemente se pueda esperar una curación. Tenemos que asistir al enfermo en una forma integral ayudándolo a recuperar su salud física utilizando todos los medios técnicos a nuestra disposición o a aliviar su situación. Pero más importante que eso tenemos que ayudarlo espiritualmente. “La Iglesia, al acercarse a los hombres que sufren y al misterio del dolor, se guía por una precisa concepción de la persona humana y de su destino según los designios de Dios. Considera la medicina y los cuidados terapéuticos no sólo como algo que se refiere únicamente al bien y a la salud del cuerpo, sino que afecta a la persona como tal, a la que el mal ataca en el cuerpo. Efectivamente, la enfermedad y el dolor no son experiencias que afectan exclusivamente a la condición corporal del hombre, sino a todo el hombre en su integridad y unidad de cuerpo y alma.” (Juan Pablo II, Motu proprio Dolentium Hominum, n. 2.)

 


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