Autor: Miguel Manzanera, SJ
En la historia de la humanidad se reconocen dos etapas, la anterior a Cristo (a.C.) y la posterior a Él (p. C.), que podemos calificar como la etapa precristiana y la cristiana. Aunque recientemente han resurgido propuestas para eliminar todo vestigio religioso en esa clasificación, sigue siendo el esquema más utilizado a nivel universal.
El punto clave de inflexión de esas dos etapas se refiere al nacimiento de Jesús, narrado en los evangelios y situado tradicionalmente en la fecha del 25 de diciembre, cercano al 1° de enero, considerado el inicio del primer año de la era cristiana. Sin entrar aquí en la discusión sobre la exactitud de esas fechas, veamos la significación teológica y, por lo tanto, histórica de esa y otras fechas relacionadas.
El nacimiento de cualquier ser humano tiene una importancia capital en su propia vida y también en la vida familiar, social y jurídica. Corresponde al momento de salir del seno materno y de ser cortado el cordón umbilical, iniciando el nuevo ser una vida más autónoma. Jurídicamente el certificado de nacimiento tiene una importancia capital para el reconocer plenamente su personería jurídica.











