Autor: Miguel Manzanera, SJ
Una de las frases de Jesús más difíciles de entender es la que pronunció, después de haber sido bautizado por Juan en el río Jordán, en el diálogo que tuvo con Nicodemo, magistrado judío (Jn 3): “En verdad en verdad te digo: quien no nazca de nuevo no puede ver el Reino de Dios”. Nicodemo, según los conocimientos antropológicos de su tiempo, entendió literalmente que Jesús le proponía entrar de nuevo en el seno de la madre y nacer de nuevo, algo que obviamente le pareció imposible por ser ya viejo.
Sin embargo Jesús insiste aclarando su propuesta: “En verdad, en verdad te digo quien no renaciere de agua y de Rúaj (Espíritu) no puede entrar en el reino de Dios. Lo que nace de la carne es carne. Lo que nace de la Rúaj es Ruáj. No te maravilles de que te haya dicho: Es necesario que renazcan de nuevo. La Rúaj sopla donde quiere y oyes su voz, pero no sabes de dónde viene y adónde va; así es todo aquel que nace de la Rúaj”. Con esas palabras Jesús trató de explicarle que no se trata de un renacimiento carnal, sino espiritual. Ante la incapacidad de comprensión de Nicodemo Jesús optó por hablarle de otros temas más comprensibles.
Sin embargo, Jesús, al final de su vida terrena en las últimas recomendaciones dadas a sus discípulos, volvió a insistir en el mismo tema, enmarcándolo dentro de la misión de evangelizar: “Vayan y enseñen a todas las gentes, bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y de la Santa Rúaj (Espíritu), enseñándoles a guardar todo lo que les mandé” (Mt 28, 19s). “Vayan por todo el mundo y proclamen la Buena Nueva a toda la creación. El que creyere y fuese bautizado se salvará; pero el que no crea se condenará” (Mc 16, 15s).











